25 DE NOVIEMBRE: RUTA POR LOS HORNOS DE CAL Y BUNKER DE QUIJORNA

HORNOS DE CAL Y BÚNKER DE QUIJORNA

Tipo de ruta:                           Circular
Dificultad:                              Fácil
Recorrido:                                 8 Km
Cota máxima:                             655 m                                                 
Cota mínima:                             555 m 
Desnivel acumulado subida y bajada       330 m
Duración aproximada:                     3,0 horas

VISTA AÉREA

PLANO DE LA RUTA

ID WIKILOC

https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/quijorna-hornos-y-bunker-30601813

INFORMACIÓN SOBRE EL RECORRIDO

Desde 1566 hay diversos documentos, particularmente en el Archivo de Protocolos de Madrid, que relacionan el transporte de carretas con cal desde las canteras del Vétago hasta El Escorial, para la construcción del monasterio.

Desde el siglo XVII hasta principios del XVIII hay numerosas referencias al empleo de la cal de Quijorna en edificios, palacios y otras obras de la provincia de Madrid, así como en zonas limítrofes, tal es el caso del puente de Segovia (Madrid) o la catedral de Toledo. Es la época de esplendor de las caleras.

A mediados del siglo XVIII se inicia el declive productivo de la cal en la zona. Según el catastro del MARQUÉS DE LA ENSENADA (1752) solo funcionaban en Quijorna 6 hornos que proporcionaban a sus dueños 6.200 reales/año; asimismo hay una cita sobre la existencia de 21 trajinantes de este producto. Pero recordemos que en Vétago había también hornos de vecinos de Valdemorillo (población en la que con motivo del censo de 1768 se mencionan a cuatro habitantes con San Francisco el Grande (Madrid) o el palacio de Boadilla del Monte.

En el XIX funcionaban en Quijorna sólo algunos hornos, mientras que en Valdemorillo, donde habían trabajado a la vez 12 hornos, con 60 personas, las caleras se encontraban casi en pleno abandono al final de la centuria, por la falta de rentabilidad.

En la zona de Quijorna los últimos hornos dejaron de funcionar hacia 1950. Los hornos industriales modernos (procesos continuos), instalados en la segunda mitad del siglo XX, han acabado con las caleras históricas (procesos discontinuos).


Posiblemente vengan los orígenes del nombre de Quijorna,  “qui” de quinientos o de quejigo, que por estos lares lo había en abundancia y “orna” de los hornos de cal.

QUIJORNA. Castigado brutalmente por la guerra civil, el pueblo tuvo que ser abandonado a causa de los bombardeos de 1.937, y una vez terminada la guerra, y quedando totalmente en ruinas, excepto las paredes de la iglesia, los quijorneros lograron con gran esfuerzo y tesón volver al lugar donde estaban sus raíces y reconstruir su pueblo tras el paso de la guerra. Quijorna es ahora un pueblo dinámico, que crece en población e infraestructuras, un “Pueblo Tradicional”, y aquel que lo visita guarda un gran recuerdo de este pueblo y de la gente que lo habita.

En terrenos de esta localidad tuvo lugar parte del enfrentamiento de la llamada Batalla de Brunete, desarrollada desde el 6 hasta el 25 de julio de 1937 durante la Guerra Civil Española. Esta ofensiva lanzada por el ejército de la República tenía como objetivo disminuir la presión ejercida por las fuerzas sublevadas sobre Madrid y al mismo tiempo aliviar la situación en el frente Norte.

En la zona abundan los hornos de cal y sus correspondientes canteras, siendo difícil evaluar su número exacto, porque a veces se esconden entre la vegetación, aunque nosotros hemos inventariado un total de dieciséis. Estamos en las cercanías de la Casa de Vétago y pese a la proximidad a Quijorna el territorio es del municipio de Valdemorillo.

El horno de botella cuenta con un cuerpo cilíndrico sobre el que se levanta otro casi troncocónico, algo abombado, y culmina en altura con un pequeño emboquillado de salida de gases, con una somera decoración formada por impostas de ladrillo a modo de remate final de la chimenea. El borde superior está recogido por un cerco metálico. La forma del conjunto es similar al de una botella, de ahí el nombre del horno.

El cuerpo cilíndrico es de mampostería, predominando los bloques de gneis, recubiertos en su interior por una capa de arcilla blanca refractaria. El diámetro interior es de 3,70 m, mostrando los muros un espesor de 70 cm, lo que hace que el diámetro total externo supere los 5 m. Según nuestros cálculos, la altura sobrepasa los 9 m. Por el exterior se ven las huellas dejadas por 4 pletinas de hierro, cuya función era reforzar el horno, y que se supone han sido sustraídas para chatarra.

En la parte inferior hay 8 puertas para airear la cámara de combustión, tres de ellas están tapadas y una es bastante más grande para favorecer el acceso de los operarios y la leña al interior, siendo sus dimensiones: 0,75 m de ancho, por 1,75 m de alto. Las puertas culminan en arcos de medio punto formando dos filas de ladrillos refractarios con el sello de ÁNGEL GONZÁLEZ, VALDEMORILLO. También hay algún refractario sin marca, probablemente elaborados “in situ”.

A 2,30 m de altura, en la parte occidental del horno, se ve una gran abertura, puerta de 0,90 m de ancho y 1,90 m de alto, que culmina en un arquete de ladrillo de 20 cm de espesor. Suponemos que por esta zona se accedía a la plaza, espacio disponible sobre una parrilla metálica, hoy desaparecida, que había por encima de los 2 m de altura, donde la pasta cerámica recibía la acción directa de la llama. La mayor altura del suelo en la zona de carga permitía la carga de forma sencilla, sin necesidad de usar escalas.

Por encima de la plaza se dispone una bóveda de ladrillo, con agujero central y sus correspondientes tiros, agujeros cilíndricos de pequeña sección. Su número es de diez junto a la pared y nueve más hacia el centro, que suponemos servirían para favorecer una combustión homogénea en todas las zonas.

La bóveda queda cubierta por el cuerpo troncocónico abombado, donde se recogen y canalizan los gases de la combustión. En esta zona aparecen cuatro pequeñas ventanillas, de sección cuadrada, cuya función desconocemos. En las proximidades del horno de botella hay un calerín y un poco más allá una vivienda en ruinas.

Este horno pensamos que se paraliza en 1951, ahora hace, por tanto, 52 años. En un folleto turístico titulado “Callejero de Quijorna”, editado recientemente por el Ayuntamiento de dicha localidad, aparece una foto de este elemento arquitectónico-industrial emblemático del municipio, calificándolo erróneamente como horno de cal. Deducimos que, en la zona, se ha perdido la memoria histórica de la actividad cerámica.

El horno de botella se halla todavía en relativo buen estado, aunque hay al menos una peligrosa grieta subvertical que recorre todo el cuerpo cilíndrico. También se han arrancado algunos ladrillos refractarios de las portezuelas de la cámara de combustión, así  como la mayor parte de las pletinas metálicas de refuerzo. De igual forma hay pequeños desperfectos en la bóveda.

La originalidad y esbeltez del horno nos llevan a solicitar su catalogación. Cada vez son más escasos los hornos cerámicos discontinuos que quedan en pie en la Comunidad de Madrid. La presencia en la zona de hornos de cal, algunos de gran belleza pueden ayudar a conformar un conjunto de patrimonio industrial de interés.

LLEGADA Y RECOGIDA DEL AUTOBÚS

FOTOS DE LA DESCUBIERTA

LAS FOTOS DE LA SALIDA

Las fotos de JOAQUÍN

Las fotos de NELLY

Las fotos de JAVIER

La foto de FERNANDO 

VOIC6476

Las fotos de JAIME

 

 

 

 

 

 

 

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